Flow

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Flow

Seguro que en alguna ocasión, cuando estamos entrenado o participando en alguna prueba, hemos sentido que “todo va bien”, que las piernas funcionan a las mil maravillas y que la cabeza las acompaña. En esos momentos es como si no nos costase mantener el ritmo, subir las cuestas o acelerar. Los pensamientos están centrados en lo que estamos haciendo, en aquella piedra, en el latir de nuestro corazón. La mente y el cuerpo van al unísono, no hay diferencia: todo fluye, estamos en estado de flow.

El flow se trata de un estado psicológico donde la persona está totalmente absorbida en una actividad y donde todos sus recursos están perfectamente sincronizados con la tarea, dando la sensación que todo está bajo su control. Es un estado subjetivo, óptimo, que permite al individuo ejecutar lo que está haciendo de forma exitosa y placentera.

La teoría del estado de flow (podríamos traducir por estado de flujo o más concretamente “fluir”) tiene su origen en las propuestas del neurólogo Csikszentmihalyi que argumenta que todos podemos vivir estados de flow, con mayor o menor intensidad, con más o menos facilidad, en distintas actividades, desde el trabajo hasta el deporte. No obstante hay personas más propensas a experimentar flow, lo que Csikszentmihalyi denomina “personalidad autotélica”, es decir personas que presentan, entre otras características, alta curiosidad, persistencia y motivación interior, alto grado de concentración y autoestima, e implicación en actividades complejas que permiten a la vez la estimulación y el enriquecimiento personal.

Habrá corredores que, dada su personalidad, vivan repetidos y profundos momentos de flow; en cambio, otros también tendrán esta experiencia pero ocasionalmente y sin tanta facilidad. Todos vivimos estos episodios cuando hacemos deporte. La cuestión interesante es si se puede entrenar a un corredor para experimentar estados de flow.

Considero que en el estado de flow el corredor experimenta como su cuerpo y su mente son una misma cosa. Las práctica para conseguir esta comunión mente-cuerpo van dirigidas hacia un “correr consciente”. No se trataría de evitar todos los pensamientos que nos invaden cuando corremos sino de “bajarles el volumen”, es decir, aceptarlos pero sin que nos invadan. Se trata de focalizar la atención en nuestra pisada, nuestra respiración, nuestros latidos. Este tipo de práctica podría parecer algo extraña, dado que siempre estamos con el runrún de los pensamientos que nos llevan de una cosa a la otra, pero con entreno podemos llegar a la meta del correr consciente. En este sentido, existen entrenadores que sin hablar directamente de los estados de flow proponen prácticas que los potencian. Este es el caso de Phil Maffetone que propone, en lo referido al entrenamiento, la utilización de un metrónomo que irá marcando nuestros pasos, zancadas, brazadas o pedaladas; su función tiene que ver con aunar nuestra parte física con nuestra parte mental ya que en muchas ocasiones cada una va por su lado. El hecho que cuerpo y mente vayan cada uno a los suyo resulta un gasto de energía enorme y por lo tanto también una imposibilidad de conseguir estados flow.

Si experimentamos y entrenamos estos estados podremos apreciar otra dimensión de la práctica deportiva. Se trata, en último término, de ser conscientes de qué estamos haciendo en el aquí y ahora.

Psicología y deporte. Introducción

De un tiempo a esta parte se han ido introduciendo en la práctica deportiva aspectos psicológicos que antes no se tenían en cuenta. En la actualidad los deportistas profesionales, de todas las disciplinas, incluyen en sus rutinas de entrenamiento ejercicios que tienen como fin la potenciación de su mente.

Como psicólogo y como modesto deportista popular siempre me ha atraído ese binomio, por otro lado indisoluble, mente-cuerpo cuando se activa en la consecución de un objetivo deportivo del nivel que sea. Y digo “activar” porque cuando cuerpo y mente no van al unísono los resultados pueden ser los no deseados.

A lo largo de casi diez años de participar en pruebas de gran fondo, con y sin dorsal, me he dado cuenta que el deportista popular o amateur ha dedicado mucho el tiempo a la preparación física obviando la preparación mental, tan necesaria en eventos de larga duración. He visto, y a mi también me ha pasado, cómo fondistas con una completa preparación física, abandonan las pruebas con el martilleante pensamiento de “no puedo”. Es evidente que algo está fallando cuando estos deportistas que llevan en su piernas cientos de kilómetros, dietas equilibradas, suplementaciones alimentarias de todo tipo, material adecuado…no alcanzan el objeto de su deseo. Quizá hayan descuidado el aspecto metal.

En estas situaciones, repito también vividas, se plantean preguntas interesantes: ¿Por qué hago deporte? ¿Por qué participo en estas pruebas y no en otras? ¿He calibrado bien el objetivo? ¿Sé cuáles son mis límites o tengo ese pensamiento tan en boga de “No limits“? ¿Combino adecuadamente lo que deseo y lo que puedo? ¿Qué pensamientos me acompañan a lo largo de la prueba? ¿De qué me sirven algunos slogans que no parten de mi experiencia? ¿Qué me pasa con la incertidumbre y con la frustración? ¿Cómo vivo la no consecución del objetivo? ¿Cómo gestiono los momentos de crisis dentro de la prueba? Seguro que los lectores de este artículo podrían poner una larga lista de preguntas; sirvan estas para que seamos conscientes que se dan en nuestra práctica deportiva y que por tanto los aspectos psicológicos han de ser tenidos en cuenta.

Este artículo introductorio y los sucesivos son una manera  de acercar la psicología al deporte popular, sin más pretensiones que fomentar su conocimient así como el debate sobre una actividad que va ganando de manera acelerada peso en nuestras vidas, llegando a ser para algunas personas “una manera de vivir”. Lo escrito responde a teorías nacidas de la psicología del deporte y vivencias personales, pero son, al fin y a al cabo, una construcción particular de vivir la práctica física y su componente psicológica.

Agustín Martínez
Psicólogo

 

El escuchador curioso

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Cuando una persona acude a consulta, en mayor o menor medida, empieza a contar hechos que tienen que ver con la relaciones que tiene consigo mismo, con los demás y con el mundo. Se puede decir que el cliente se construye como un conjunto de narraciones, como relatos que, en esos momentos, algunos de ellos o todos, son  disfuncionales y fuentes de malestar. Cuando la persona narra, está dando sentido a su vida, a qué le pasa.

Como psicólogo me convierto en un “escuchador curioso” de esos relatos que me aproximan a la persona que tengo delante. Intento acompañarle en la búsqueda de otras narraciones que sean más funcionales, que aminoren el malestar que en esos momentos está marcando su vida. Para conseguir ese relato, que es como se ve la persona, me mantego en un estado de genuina curiosidad, hago preguntas de las que realmente no sé la respuesta. Indago en esas narraciones para poder encontrar los recursos que el paciente tiene, que todos tenemos, para construir otra historia que sea más saludable.

La historia que trae el cliente está marcada por un problema o varios que tiene que ver con la solución que se está dando. La solución intentada y la historia dominante que nos trae el paciente están estrechamente relacionadas. Ambas se perciben, se siente y se piensan como verdades absolutas. La tarea psicológica consiste en buscar, con la persona que nos visita una solución distinta, una historia alternativa.

 

 

¿Por qué terapia breve?

Porque tanto la duración como el número de sesiones y su frecuencia, no están predeterminadas por el terapeuta, sino que son las que el paciente/cliente necesita, éste es el verdadero experto en su vida y por lo tanto sabe y siente cuando está restablecido.

Porque la Terapia Breve no se alarga innecesariamente. Esto es posible gracias a la focalización de la terapia en el aquí y el ahora. El terapeuta se interesa especialmente por el funcionamiento del problema que el paciente / cliente trae a consulta y las posibles soluciones. Las causas más o menos lejanas que hayan podido provocar el problema, aportan datos al análisis, pero terapeuta y cliente se orientan al futuro cuanto antes.

Porque el terapeuta de Terapia Breve cree en la capacidad del paciente/cliente de decidir sus objetivos y elegir las soluciones adecuadas a su problema. Si es necesario el terapeuta introduce un pequeño cambio de percepción o conducta en la dirección adecuada basándose en los objetivos acordados. El paciente/cliente es capaz de extenderlo a las demás áreas de su vida y vivir más adecuadamente.

Porque se estima que la media de permanencia del paciente/cliente en psicoterapia hasta su restablecimiento es de 4 a 6 sesiones en un intervalo de 3 a 6 meses.

Terapia breve centrada en soluciones. Algo de historia

La TBCS pertenece a una familia de enfoques, conocidos como terapias de sistemas, que se han desarrollado en los últimos 50 años, primero en los Estados Unidos de América y, posteriormente han evolucionado hacia todo el mundo, incluyendo Europa.

El nombre de Terapia Breve Centrada en Soluciones (Solution Focused Brief Therapy, SFBT, por sus siglas en inglés), y los procedimientos específicos que intervienen en su práctica, se atribuyen a la pareja de esposos Steve de Shazer e Insoo Kim Berg y su equipo en el Centro de Terapia Familiar Breve (Brief Family Therapy Center) enMilwaukee, EE.UU., conocido como grupo de Milwaukee. Los miembros principales de este equipo fueron Eva Lipchik, Wallace Gingerich, Elam Nunnally, Alex Molnar, yMichele Weiner-Davis.

Su trabajo a inicios de la década de 1980 ha tomado como base a otros innovadores, entre ellos Milton Erickson, y el grupo del Instituto de Investigación Mental (Mental Research Institute) de Palo Alto: Gregory Bateson, Donald deAvila Jackson, Paul Watzlawick, John Weakland, Virginia Satir, Jay Haley, Richard Fisch, Janet Beavin Bavelas, entre otros.

Todos estos nombres son importantes, no sólo como pioneros de una nueva forma de hacer terapia, sino también por sus diversas colaboraciones y escritos que representan nada menos que una revolución en nuestra forma de pensar sobre el funcionamiento social, la salud mental y el bienestar.

Los enfoques centrados en las soluciones actualmente tienen gran demanda. Su eficacia está bien establecida y respaldada por un sólido y creciente marco deinvestigación. El pensamiento centrado en las soluciones se ha ganado su lugar y es ampliamente aceptado en los ámbitos de la terapia, asistencia social, educación ynegocios.

El concepto de terapia breve fue descubierto independientemente por varios terapeutas en sus propias prácticas de varias décadas (en particular, Milton Erickson), ha sido descrito por autores como Haley en la década de 1950 y se popularizó en los años 1960 y 1970. También se acredita a Richard Bandler, John Grinder y Stephen Lankton, al menos en parte, por la inspiración y la popularización de la terapia breve, en particular mediante su trabajo con Milton Erickson. Mientras que Jay Hayley y el equipo del Instituto de Investigación Mental en Palo Alto se dedicaban a descubrir los principios que ha aportado el enfoque de Erickson a la terapia breve, John Grinder y Richard Bandler proporcionaban pautas prácticas para la aplicación de algunas de las técnicas hipnóticas de Erickson.

En la actualidad, la Terapia Breve enfocada a las Soluciones se viene aplicando conjuntamente con diversos enfoques.